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Preocupados por la necesaria preservación de este subterráneo de Camp Duai y la integridad de su contenido, tanto las zonas más delicadas como las embarradas, las afectadas por el Dióxido o Anhídrido Carbónico y los diversos pozos internos formados bajo el cúmulo clástico desprendido desde encima del cenit cupular, los autores de esta publicación se vieron ante un verdadero amargo caramelo, a veces algo indigesto pero tolerable en la medida que no proliferen las incursiones -tampoco  de la gente indeseable-, donde el delirio de los inconsecuentes acaben destrozando lo que encuentren al paso.

El mero hecho de transitar por las zonas más intensamente concrecionadas a base de formaciones espeleotemáticas ensucia todo aquello que los visitantes tocan, mientras los eventuales invitados al periplo deambulan entre tantas pristinas manifestaciones, debidas fundamentalmente a formarse en atmósfera sobresaturada de agua, temperatura estable la mayor parte del año, escasa ventilación del aire circulante y tendencia de la alta porcentualidad del CO2 a permanecer estratificado a lo largo de los fondos de la brecha hipogeica, especialmente cuando la canícula veraniega alza la temperatura al ritmo del mayor incremento del volumen del pernicioso gas y el cual sin ser tóxico limita la atmósfera respirable a su mínima expresión invernal. En determinados momentos de la punta estadística con valores que podrían resultar fatales para la supervivencia, más allá del factor ocho en muy corto tiempo de permanencia dentro del sitio afectado por el problema.

Durante las primeras incursiones hacia las profundidades de la caverna, los valores del CO2 oscilaron entre 4 y 3,5, para progresivamente ir descendiendo hasta 2,7 durante las últimas jornadas dedicadas al levantamiento topográfico de la caverna y  ocuparse de los trabajos fotográficos. El desplome o más intenso descenso del preocupante factor de insuficiencia respiratoria sobrevino al recrudecer el invierno con fuerte bajada de temperatura, lluvias e intensos vientos en el exterior; cuando ya pudieron incrementarse las horas de mayor permanencia dentro, soportando con alguna comodidad relativa las tareas hasta entonces pendientes.

En buena medida se debe el actual régimen climático existente en el subterráneo a la angostura tubular de la boca embudiforme o acceso a la sala que recibe abajo. En su momento pudieron existir cuanto menos dos localizados respiraderos más, antiguos sumideros situados sobres las galerías septentrionales, cerca de la tercera hoy expedita, practicable  por el espeleólogo mediante descuelgue en aéreo, Por consiguiente, al acabar taponados ambos sumideros en épocas muy posteriores a la conformación del grueso de la cueva, la recomposición climática de la atmósfera interna favorece el aparato calcítico en las zonas profundas, al tiempo de producir nuevos desprendimientos en los triturados estratos triásicos; rocas intensamente leptoclasadas en las que la disolución deshace el componente dolomítico, las blancas calizas y el cemento margo-calcáreo, al tiempo de generar grandes acumulaciones  espeleotemáticas de muy diversa consideración cristalográfica.

Todo lo dicho sin perjuicio de la diversa composición mineralógica de los estratos implicados, generadora de la amplia paleta de colores, formas, sistemas axiales, aleatorias variaciones de simetría y demás fenomenística  sedimentaria de unidades mayormente romboédricas, organizadas en la estructura molecular de cristales.

La carga electromagnética molecular en los sistemas cristalográficos determina cada organización espacial, en esta concreta cueva poniendo de manifiesto estructuras en cierta forma asimilables a la propia del hielo y la nieve, sin necesariamente intervenir evento inundatorio alguno. A pesar de efectivamente también encontrarse el fenómeno bajo el nivel de las gorgas de agua dulce o bien en reductos en el pasado inundados y que eventualmente pudieron acabar sumergidos por aguas salinas, sean marinas o no. De modo que resta en esta WEB la necesidad de volver sobre todo ello, para puntualizar sobre aspectos de viejo mal tratados en la bibliografía regional con enfoque o perspectivas erradas.

 Cierto que en uno de los reductos donde se encuentra el Salt des Fang y subsiguiente Pou de sa Merdassa se ven precisamente inconfundibles niveles lagunares de corrosión, alternantes con recrecimientos calcíticos y regruesados columnares, pero se hallan netamente por encima de salas bastante inferiores en las cuales no hay indicios inundatorios de tipo alguno. El concreto alto encharque vadoso se produce allí, junto a Sa Merdassa, tras intensas lluvias y sus aguas acaban pocos días después drenadas hacia la profundidad de cotas inferiores. Tal y como en ocasiones acontece en el litoral marítimo, cuando el embalse hídrico de caudal pluvial se produce a consecuencia de apantallamientos retentivos del drenaje, a base de arenas carbonatadas, arrastres margosos, incidental colapsos rocosos cenitales, tierras o bien sedimentación travertínica.

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