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"La espada de Damocles"

No es la primera vez, y cabe esperar que tampoco sea la última, que en la espeleología balear se utilice el recurso de la espada de Damocles para resolver problemas técnicos de progresión subterránea en simas de determinada complicación exploratoria. Por ello conviene recordar los hechos de la leyenda griega atribuida a Timeno de Tauromenio ("Disputaciones tusculanas", V.VI 61-62) en tiempos de Alejandro Magno y después también recogida por Diodoro de Sicilia, Cicerón, Horacio, Macrobio, etc. y que en síntesis trata de lo que hizo el tirano rey de Siracusa para darle un toque de atención a su cortesano Damocles, el cual se estaba pasando un pelín con sus criticas hacia el soberano, envidiando el poder, lujos y disfrutes de los que gozaba. De modo que el rey le invitó a intercambiar con él por un día la vida de ambos. Lo instaló en palacio y el rey sirvió al crítico todo lo que fue pidiendo y disfrutando, fueran favores de bellas mujeres, golosinas, banquetes, lisonjas y demás derramas propias de la rica corte real.

Y sería hacia finales de la última hora del día cuando al feliz Damocles se le ocurre mirar para arriba y ve horrorizado como sobre su cabeza pendía pesada y afilada espada sujeta con el fino hilo o crin de caballo, en cualquier instante a punto de caer y matarle. Así que Damocles de un salto se levantó asustado, dejando su mullido lecho de placeres y encarándose al rey anfitrión le dijo asustado que se quedara con todos sus privilegios humanos, pues acababa de entender los peligros del poder.

El nombre de Damocles en lengua griega se supone compuesto con dimos (pueblo) y kleos o cles  (fama, gloria), con el significado de 'aquel famoso para el pueblo'. Si radical klei- de procedencia indoeuropea: 'inclinado',  sometido, cliente. De manera que la metáfora está referida a la persistente amenaza del poder siempre pendiendo sobre la cabeza de quien regenta a los súbditos. Incluyendo a los mandamás de la democracia.

Aclarado el concepto, pasemos a su inquietante aplicación espeleológica. Por lo común es recurso utilizado en algunas de las más profundas y difíciles de explorar cuevas y simas, casi siempre consistentes en grandes brechas con importantes desprendimientos cenitales en forma de piedras de cualquier tamaño. La clasticidad acaba encajada en las angosturas de la fractura rocosa, a veces creando numerosos pisos tectomecánicos y varios pozos internos, aparte de superpuestas temibles tolvas de vertido detrítico. Para sortear las inestables piedras y grandes peñascos, se procura desviar las rutas incursivas con trayectos casi siempre aéreos, con cuerdas y demás instrumental exploratorio, hasta que se llega a rellano con fondo cegado por los desprendimientos. Aunque desobstruyendo factibles pasos en determinadas angosturas se alcanzan otros ámbitos inferiores y, con un poco de suerte, espacios mucho mayores o francas continuidades que colmen las expectativas objetivo del espeleólogo interesado en las exploraciones de punta y el conocimiento de lugares inéditos.

 Si la potente grieta se encuentra cegada parcial o totalmente con piedras en determinada angostura y se intenta desobstruirla, viene bien tener buen espacio donde acumular las piedras que se van sacando, hasta conseguir alcanzar el vacío del interior situado por debajo. Pero la cosa se complica cuando no se dispone de sitio donde trabajar más o menos cómodo sin necesidad de hacerlo totalmente colgado de las cuerdas de la instalación. Sobre todo si no hay manera de acumularlas en el mismo reducido espacio donde solamente puede operar una persona. Así no queda más remedio que abandonar ¿o no?

 Si se decide no abandonar, se sacan las piedras una por una, previa perforación e instalación de clavija atornillada con su plaqueta correspondiente y se jalan con cuerdas para arriba, hasta alguna repisa cercana donde puedan ser acumuladas. Contando conque la vertical de salida no sea demasiado larga o accidentada, que el personal no quede pronto agotado y que el fruto perseguido se muestre ya cercano. Se hace con toda la paciencia, ingenio y arte del mundo; incluso con verdaderos peñascos que por ello requieren quedar colgados de las paredes, si no pueden precipitarse por una abertura ya suficientemente despejada y que permita soltar esa pieza hacia el fondo de abajo. Y mientras tanto, ahí permanecen esos colgajos con las más grandes piedras, como espada de Damocles sobre nuestra cabeza.

El recurso necesitó en ocasiones de verdaderos cosidos de rocas, en el cono de vertido de las tolvas. Auténticos embudos-coladeros de piedras y tierras que, sin duda, podrían producir indeseable caótica avalancha y el consiguiente taponamiento de la angostura, con peligro de dejar gente atrapada abajo. Tareas exploratorias nada recomendables para los sanos de juicio, tampoco para personas mínimamente aprensivas.

No obstante, siempre hay quienes rompen el molde de la cordura y se arriesgan a ejercer el poder que no quiere el "demos".

 

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