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LAS POTENTES BRECHAS TRACCIONALES DE LOS FARALLONES SERRANOS DE MALLORCA.

El Crull des Puig de la Creu y "Es Bitxo", por J. A. Encinas S.

Dos aspectos fundamentales caracterizan la función de las grandes rajas rocosas abiertas en las cresterías calcáreas, dolomíticas,  margo-calizas  y / o  areniscas de la carsicidad balear. La principal es la de generar la fisonomía del relieve, cuando el flanco externo de las fracturas acaban volcando hacia el vacío, impactando sobre el pie de los espadales, triturando las moles desprendidas de arriba, acumulando las típicas pendientes deyectivas de los erales, las gleras de macadán y, más abajo, la mesquida de arenas gruesas o bien las tierras con el tiempo sedimentadas en el fondo de la depresión hidrográfica.

El segundo aspecto a destacar resulta implícito en el primero. El agua pluvial irrumpe en la fracturación encajándose hacia los escapes de drenaje, a veces alcanzando notable profundidad, antes de establecer el consabido nivel freático local, sea de la inmediata cuenca receptiva, de la comarca o del nivel marino actual. Recurso hídrico emergente casi siempre a pie de monte, no demasiado lejos del propio cantizal donde en parte es retenido, hasta aflorar en forma de manaderos, fontanales y escorrentías.

Otras funciones de la expuesta fenomenística brechífera no son nada desdeñable, por más que el esteticismo barroco tan caro al inefable espeleoturismo aventurero prefiera no meterse en estos tremendos lugares, tome la desnudez rocosa como poco menos que impúdica categoría de discutible belleza y no se arriesguen tanto en "tan poco interés paisajístico subterráneo". De modo que este tipo de fenómenos hipogénicos se guardan por sí solos, sin necesidad de proteccionismos institucionales a ultranza, ni blindajes de puertas, ni otras zarandajas. Es decir, actuaciones de importancia muy secundaria, perfectamente prescindibles con un poco de cultura primaria.

Del par de cavidades enunciadas en el titular, la de "Es Bitxo" muestra en el muy accidentado suelo la evidencia de numerosa colonia de quirópteros en cría, refugiados en las partes inaccesibles de los techos, entre las tolvas de los altos vertidos clásticos endógenos. En los suelos, sin duda los huesos de la fauna precipitada dentro queda guardada a buen recaudo, cuanto menos bajo toneladas de escombros desprensivos. Por otro lado, en la embocadura del Crull des Puig de la Creu se ven tiestos de recipientes cerámicos en su momento destinados a recoger agua de goteos estalactíticos o bien se trató de cántaros allí circunstancialmente metidos con el fin de refrescar el contenido, gracias al fresco aire ascendente en verano de las profundidades de la sima, cuando se construía la inmediata pared limítrofe de piedra en seco.

En resumen, presentamos aquí dos entidades espeleológicas de magnitud media, donde su importancia relativa quizá reste en función del grado de atención que se le preste, dentro del contexto general de las fases iniciales de la carsificación insular; si entendemos éstas como netos resultados posteriores a los plegamientos del Burdigaliense, al margen de las fracturas orogénicas de base.

 

MaV. P.07 Crull des Puig de la Creu

                      486405 4399895 645 GEL/CCM 00 VI Xetd

Aparente discreta brecha con varias inquietantes vías hacia sus correspondientes tolvas, medio obstruidas por muy inestables piedras y peñascos desprendidos de fractura bastante tectonizada, con ajustes mecánicos secundarios en su parte superior o más superficial. La embocadura permitiendo abiertos trayectos en la vertical de entrada, concluyendo coalescentes en la misma potente brecha de más abajo (106 metros de desnivel hasta el cúmulo de piedras resultado de colapsar las inestables placas margo-calizas de encima del pozo terminal, cuando se intentaba explorarlo), donde convergen también otras grietas tendentes a caer hacia la de mayor profundidad, creando laberínticos reductos a tres niveles; por donde drenan las aguas, entre el alto afloramiento oriental de margas y las calizas del flanco nordeste.

Poco más hacia el norte se localizan dos pequeñas salas internas contiguas -donde la anchura máxima de este nivel alcanza los 15 metros-, con abundante repertorio calcítico; ámbitos formados a lo largo de fisura menos afectada por los desgajes tectomecánicos del complejo brechífero.

Hacia el fondo de la primera mitad de la grieta, sondeo previo informa mediante el sonido golpeteo de canto arrojado dentro, sobre la suma estrechura del trayecto; produciendo el típico “tap-tap” de metralleta, con los intérvalos de cada impacto alterno demasiado cortos como para permitir el paso normal del espeleólogo y solamente hacia el tramo terminal permitiendo suficiente desahogada amplitud.

A poca distancia de este subterráneo se encuentra el potente Avenc* de ses Cases Noves (J. A. Encinas, CCM: Man. C.07, pág. 732, -178 metros de desnivel), abierto en la cumbre del pico inmediato al grave collado que justifica el denominativo de

Creu (por greu, el grau, latín gravis > grauis, grau-ici; indoeuropeo ghredh-, como en gradior, grado, grada, grave, etc.), si no se refirió en principio a greus en plural, pues de dos insobornables collados se trata, con una grupa a cada lado del monte. Los dos fenómenos traccionales encajándose por debajo del horizonte de margas presente en las cercanas praderías.

Las aguas pluviales captadas en superficie e infiltradas hacia las profundidades de ambos abismos acaban drenando por las diversas fuentes del pie de monte, algo por debajo de los 250 metros de la cúspide serrana. Cota de momento sin permitir alcanzarla por el interior de esta sima ni por la vecina, pues el sustrato margo-calizo y cintas alternas de margas entre el calcáreo de encima producen gruesa clasticidad que hacen impracticable los conductos de la evacuación hídrica.

A treinta metros de profundidad, casi al borde de la tercera tolva de la vía principal, se halla encajado casco de plástico amarillo caído de arriba, de los utilizados en la industria de la construcción por los años ochenta en adelante. Es cuando se pudo producir el intento frustrado de explorar el problemático atolladero del fondo, al enfrentar los apenas treinta centímetros del trayecto intermedio en la peliaguda vertical. Aunque en la entrada se hallan tiestos de cántaros en su momento destinados a recoger o bien refrescar agua, cuando en verano se construía la pared divisoria de fincas discurrente casi al lado, a la vista de la boca. De hecho de las interioridades del complejo se eleva, en la época cálida del año, sutil pero persistente flujo de aire fresco.


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* Ciertamente se trata de sima-sumidero formada a partir de los efectos traccionales del flanco más oriental del macizo, tendente a precipitarse a la cuenca donde se encuentra el predio de Ses Cases Noves, o navas correspondientes al aún más encajado sitio de Almadrac y que se halla a la vista desde el caserío. Pero aquí la cuestión es si el concepto catalán avenc se entiende femenino o masculino. En el diccionario del IEC de la WEB F. de Borja Moll (https://dcvb.iec.cat/) se considera sin duda masculino, en base a acreditada disponibilidad literaria. Pero no son pocos los reductos rurales de todo Mallorca que, hasta hace poco, los viejos payeses lo pronunciaba en femenino.

Y es que el étimo explicita acreditado significado de sitio propio del agua sumida en el peñascal. Literalmente auenc < aigu(a)en-c y de donde avenc-ar / aven-kar y avencar-se. Avenc-orp cuando en Catalunya tiende a transliteralizarse avencor (corp, en pico de vigilancia territorial del cuerpo de guardia y no de ‘cuervo’, salvo verificadas excepciones) y en modo alguno existir “avencor-se” o “avencoriar-se”. De modo que el sustantivo parte necesariamente del concepto ‘agua’, conforme al radial indoeuropeo akwā- de J. Pokorny, con aserción complementaria wed- (inglés water, germano y eslavo wasser, gwӑdh, etc.: gua-icia-r, aguadero) en la que el <a-> inicial, como en el griego indoeuropeo aqua, alude al primitivo artículo direccional: presente en ‘abismo’ y el cual no se explica con el sentido de “sin fondo” sino acaso tratándose del superlativo en a-b(issimo), donde la <b-> se correspondería con el bhunh- preindoeuropeo de ‘fondo’. Claro que antes pudo entenderse awi-ismo (awïsmo), la profundidad del agua... freática.

MaV. B.05 Es Bitxo
                       486390 4399790 645 CCM-GEL 04 VIII-III Xetd

Un Bitxo es, para los diccionarios al uso estándar del catalán actual, especie de pequeño pimiento picante, fruto de la planta Capsium annum (en castellano ‘guindilla’) que en este caso de la potente brecha, como se verá a continuación, tiene su jugo denominativo; pues se halla en relación a la “bestia” situada poco más arriba de la misma cumbre de la montaña y conocida como Avenc de ses Cases Noves (J. A. Encinas, 2014: CCM, Los. C.07; Ed. El Gall, pág.732, Pollença) con 178 metros de profundidad total practicable, 85 de longitud y cuatro de anchura en el fondo.

De hecho este alto paraje del Puig de la Creu y su entorno cársico cuenta con otras grandes fracturas traccionales deri-vadas del efecto distensivo de los contrapuestos espadales o flancos de la cumbre caliza soportada por sustrato margoso, afectado por subsidencia derivada de la pérdida en la masa de agua contenida en las arcillas; conforme geológicamente se fue encajando el nivel freático local de las cuencas hidrográficas discurrentes al este y al oeste, cuando los niveles regresivos del Mediterráneo se encajaba hacia su horizonte actual.

Pero conviene volver al étimo del encabezamiento, en cuanto ‘bicho’ (latín vulgar bestius, animal, catalán bestiola, a pesar de su connotación despectiva); en  efecto ‘bestia’, especificamente referida a ‘bicha’, a serpiente o monstruoso reptil, dragón subterráneo, infernal; demonio del mundo inferior.

 Derivación del radical indoeuropeo bheid- con significado de ‘lo roto’, partido, rajado (sánscrito bhittá-ḥ), a veces con el sentido de mordida. A partir del visceral temor ancestral hacia la cualidad de la serpentina lengua bífida, al acabar considerada “mal bicho”. Es decir, ‘un-bhiccio’: ofidio. Para T. M. Plauto, ya en el siglo III antes de nuestra Era, referido a fiero animal como “mala bestia”, salvando con ello el hecho de que no todo bicho viviente es necesariamente temible. Expresión conservada aún hoy en día con el mismo registro y valor que la empleada por el ilustre dramaturgo.

La serpenteante brecha se alarga en superficie de norte a sur del orden de la treintena de metros, en paralelo a las otras enormes fracturas de la misma montaña, con notables prolongaciones de diversa consideración; aunque no todas parecen practicables. Es Bitxo alcanza casi la misma medida de profundidad (147 metros) que su longitud en planta, como suele ocurrir en determinadas otras grandes grietas. En este caso con anchura media de cuanto menos dos de ancho, dominando la verticalidad de la raja sobre su ángulo de vuelco desprensivo hacia el inmediato espadal. Aunque la espaciosa sala del extremo septentrional, en el nivel de los -35m, presenta perfil transversal disconforme con la caída hacia el flanco oriental, pues esa parte se inclina hacia el oeste; debida con cierta probabilidad a subsidencia más cercana a la superficie del calcáreo, seguida de incidencias disolutorias propias de intenso proceso cársico, aparato mecano-clástico en la cavernación y consiguientes consecuencias denudatorias de las tierras y los áridos derivados de los desprendimientos.

Aparatosa clasticidad interna genera al menos una docena de tolvas y sus correspondientes conos detríticos situados directamente debajo. De la parte superior de las mismas caen al profundo suelo interior los desechos fecales de nutrida colonia de quirópteros, frecuentadores de las chimeneas y gruesas acumulaciones pétreas encajadas en las altas angosturas del complejo, además de los habituales restos óseos de lepóridos, roedores, cápridos, ovinos, cánidos y de otros mamíferos; algunos conservados en su integral posición anatómica.

Las aguas pluviales sumidas directamente por la embocadura del subterráneo acaban drenando hacia el extremo meridional de la virtual empinada galería del trayecto hacia su final y donde se acumula el componente margoso que da lugar a las finísimas varves acumuladas en el punto de drenaje de la encajada laguna o pequeño encharque que existió en el lugar. Probablemente correspondiente al nivel freático del contacto entre la base del macizo calizo y el sustrato albarizo.

Oxidado anclaje a rosca sobre típico casquillo metálico existente en la embocadura del pozo terminal de la profunda sima acredita que fue inicialmente explorada hacia las medianías o finales de los años noventa del siglo pasado. Dato deducido sobre todo en base a la desechada presencia de botella de plástico abandonada pocos metros más arriba y la cual debió utilizarse para agua de beber. Del mismo modo de aquellos años se constata exploraciones parciales en algunas de las otras bocas de los alrededores, pero sin datos documentales disponibles de tales eventos. Hábito bastante común entre quienes incursionan las simas como mero divertimento deportivo, sin dejar otros rastros que basura, marcas de ahumado por la llama de carbureros y evidencias de anclajes realizados. Aparte están quienes ejercen un sentido patrimonial enfermizo de aquello que conocieron pero reservan celosamente para ellos mismos, sin aportarlo al haber de la ciencia ni al acervo común de la región.

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jaencinas.ccmallorca@gmail.com