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Infierno por cuanto inferioridad en el seno de la tierra, por lo común inmundo o infernal reducto donde acaba todo lo muerto, disgregado, disuelto y subsumido... tras el consiguiente filtro purificador de la sustancia, restando finalmente  impoluta pureza. Catarsis en la raíz indoeuropea ndher-o, por sí misma no presumible negatividad  sino algo sin orden ni belleza, caótica suciedad o amenazante terror donde queda todo lo inerme, en el Averno de confinarse lo muerto, al otro lado de la laguna Estigia. El subterráneo Hades greco-romano, paraíso de los Campos Elíseos, separado del dominio de los seres vivos polulantes arriba en la superficie terrestre.

Pura blancura extrema en las formas generadas por la energía electromagnética que ordena el deslizamiento axial de los cristales, eflorescentes translúcidos sobre el grumoso recubrimiento carbonático. En los fondos y diversos recovecos de la caverna especie de enorme geoda localizada entre la cota de -35 metros y los setenta y tantos, hasta donde alcanza en profundidad la transitabilidad del espeleólogo, a lo largo, ancho y alto de la fuerte, encajada o escarpada ladera. Paraje donde sublima la cal y, expectante, el lagrimeo del agua se contiene entretenido entre el laberíntico entramado de excéntricas y la factoría productora de tanto aparato cristalográfico romboédrico.

En estrato algo superior lucen los densos tejidos translúcidos, en parte teñidos por el cromatismo aportado por los  minerales contenidos en los estratos del paquete estratigráfico, las acumulaciones detríticas, margas y otras tierras. Por encima, en las salas superiores del trayecto subterráneo, impera el clásico enrejado estalactítico, estalagmítico, parietal y pavimentario. Sin olvidar el hecho que en dicho nivel de formaciones se reproducen algunos focos con densa concentración de excéntricas y otros puntos donde las arracimadas eclosiones globulares y los puntiagudos polígonos estrellados adquieren cierta relevancia. En el techo cupular de la sala de acceso dominando los negros penachos colgantes, formados por las raíces arbóreas propias del  biótopo superficial del Quercus, a veces colgajos parcialmente recubiertos externamente de calcita. En la expuesta consi-deración medioambiental estratigráfica observándose cierta correlación espacial con la tectónica y litología interna, matizable por la conformación de los vacíos restantes del intenso proceso cavernario y su devenir cataclástico; pero sobre todo por la realidad de los confinados fluidos de alto contenido de CO2 en atmósfera tan sobresaturada en los niveles inferiores y progresivamente menos radicales conforme la cíclica ventilación anual airea algo las partes superiores del complejo. De donde se desprende la deducción preliminar de haber permanecido un tiempo abiertas al exterior por lo menos dos bocas-sumideros más en el sector septentrional y la entrada actual en aéreo. Al quedar cegadas las cuales se habría intensificado extraor-dinariamente los translúcidos grúmulos carbonáticos, eventuales manifestaciones de aragonito y el cambio de régimen cristalográfico que acabó también afectado a posteriori las clásicas formaciones travertínicas de las zonas más altas y las medianas. Debido a la climática de tal manera sobrevenida.

Al transitar sobre el fango que sin remedio lo embadurna todo en las zonas afectadas, al desprense del techo el producto de la rocosa disolución carbonática, margas, tierras y detritos areniscosos, se descubre la extensa capa de encima, cubriente del concrecionado de abajo. Unas veces blanco suelo, otras con tintes acaramelados, en ocasiones teñidos de óxido férrico y las demás tratándose de piedras desgajadas del techo, rotas al caer y también total o parcialmente cubiertas de áspero lodo cargado de espículas cristalinas. Se trata del área correspondiente al zócalo superior del extremo suroeste de la galería principal, donde la vertiente cae en su mayor parte en picado hacia las cotas inferiores, dominando allí abajo las estructuras más blancas, translúcidas y cristalinas. Inmediatamente a continuación, pero hacia la vertiente oriental del domo clástico general, destaca por el suelo determinados conos dunares de proporciones métricas o algo superiores, donde llama la atención la relativamente seca y suelta tierra margosa desprendida desde encima, tras permanecer alojada en bolos y reductos confinados entre los estratos del Burdigaliense detrítico. Buzado horizonte contenedor de piedras dolomíticas intensamente leptoclasadas desprendidas del paquete imbricante desde levante, cuando el mar antes transgresivo formaba el conglomerado marino en cuestión, ya resultando regresivo. Tras sobrevenir los plegamientos estaíricos, el vacío interno pudo comenzar a posibilitar los primeros asientos subsidentes y su mayor desarrollo en el disconforme contacto imbricante.

Pero el proceso morfogénico de la protocaverna no había hecho nada más que empezar. Las fuertes transformaciones de la orografía exterior debieron influir dentro del vacío primordial en función de los sucesivos encajes del nivel freático del relieve y las diversas fluctuaciones del cercano horizonte marino, unas veces impregnando al máximo las margas del sustrato y otras desecándolas in extremis, hasta el punto de provocar grandes desgajes de las placas cenitales. Periodos sobre los que no consta haberse formado hasta entonces importantes acumulaciones sedimentarias calcíticas derivadas de la carsificación, al permanacer gran parte de aquella antigua geografía cubierta de gruesos mantos de margas con ulterioridad intensamente erosionadas, arrastradas hacia el mar por los incipientes cauces torrenciales y volcados a las profundidades marinas. Es cuando, desnudo en us mayor parte el terreno de la impermeable capa margosa, el encaje hidrográfico y los ajustes tectomecánicos de los cantiles intensifican la fracturación de los paquetes estratigráficos más superficiales, favoreciendo la percolación de las aguas pluviales, el drenaje subterráneo migrante hacia la base de las laderas y la consiguiente carsicidad.

En resumen, el grueso del revestimiento de cristales carbonáticos cubriente del contenedor interno explica fases ciertamente ya tardías en la formación del espacioso edificio natural preexistente, ulteriores a la génesis estructural del mismo y a la infraestructura conformativa útil al proceso, Luego solamente parte de la "tabiquería" distributiva resultante viene a contribuir al "amueblamiento" y demás "elementos decorativos", ganados a costa de agentes actuantes todavía hoy. Gran parte de ellos depósitos sedimentarios procedentes de las rocas subepidérmicas que techan la catenaria cupular. Depósitos carbonáticos generados en principio por los sumideros de encima, después en parte cegados y a continuación favorecedores de la climática que permite cierta estabilidad del CO2 confinado y cíclica alimentación de agua y aire en moderada proporción.

                                                                                                                               Pollença (Mallorca), 1º de Enero de 2022

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