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Conforme atestiguan las escrituras de los inventarios palaciegos minoicos de la Grecia antigua (siglo XV antes de nuestra Era, en plena Edad del Bronce), el nombre de 'trementina' se tiene por derivación prehistórica de tër-binzina, a partir del radical tër- (según algunos autores, 'desollar', 'excoriar'; pero para nosotros teer-, árbol) y -benzina (<usual <m> por <b> teer'e-benthina: fracción resinosa destilada, inflamable, disolvente, corrosiva, repelente, tremenda, formidable especie de gasolina) y en esencia el concepto viene aquí bien para, en sentido figurado, alumbrar un poco el contenido más escabroso, temible, complicado y sin embargo interesante producto de los montes y cañadas dominadas por los peñascales baleáricos. Fluida materia ya hoy sin apenas utilidad comercial, debido a que la química moderna del petróleo lo sintetiza sin ninguna competencia económica, pero hasta hace poco era extraída del pino carrasco (Pinus halepensis M.) y del abundante lentisco (Pistacia lentiscus) de los extensos bosques insulares.

En ambos simétricos detalles de la imagen de arriba puede apreciarse los restos de leño chamuscado colgante de la roca situada directamente sobre el hogar de cocinar en la cueva (Bun. T.05), hallado in situ por V. Amengual cuando se procedía al levantamiento topográfico del circunstancial antro habitacional y quien ilustró al resto del equipo explorador sobre la antigua explotación de la apreciada resina en aquellos pinares de la Comuna de Bunyola, el uso y la finalidad de mantenerse allí el colgajo de tan olorosa madera quemada tras abandonarse en su día el lugar. La fragancia desprendida de la leña al arder ejercía, para resineros, leñadores, carboneros, caleros, cazadores, canteros, trajineros, pastores y porqueros, de grato sahumerio desinfectante al estilo del incienso.

Ciertamente, las ocupaciones de los montañeses se desarrollaron desde casi siempre en torno a esos oficios comentados y quienes conocían el medio hasta extremos insospechables para el ciudadano medio actual. Sorprendiendo incluso de qué manera se alcanzaba el fondo de algunas potentes simas del entorno de cuanto menos los cien metros de desnivel, fuera en busca del vital agua potable, de arcillas, minerales y otras tierras provechosas, abonos, receptáculos funerarios, habitáculos, escondites, preciosidades subterráneas o abrigos compensatorios de las inclemencias meteorológicas. Sortearon para ello temibles farallones, graves precipicios, enormes rajas rocosas, inquietantes tenebrosidades y los peores intransitables canchales. Transformando la geografía hasta lugares inauditos, con entramados paramentales, caminos, senderos, apro-vechamiento de aguaderos, praderas, selvas, riberas y pantanales. En origen caóticos infiernos, hoy pintorescos atractivos del turismo internacional, de los que va quedando solamente el paisaje recreado por el paisanaje ahora en franca fuga hacia la vida urbana. Así el payés o paisano de montaña se lleva consigo la amargura del abandono obligado, dejando a la mezquina suerte aquello con tanto esfuerzo conseguido siglo a siglo, día tras día, tenacidad sin cuento y tanto cariño derrochado.

Pero no es solamente el paisanaje quien se mueve de sitio, descompensando el ancestral equilibrio paisajístico, también lo hacen los montes, afectados por el radical cambio de uso, el selvático abandono, la inercia deslizante de los canchales, el vuelque al vacío de los escarpes, las incontenibles arrolladas pluviales, las malas administraciones y las peores gestiones de un territorio condenado a la búsqueda de otra realidad productiva.

Y en ese contexto de extremosidades, de contrapuestas fuertes realidades, quienes se internan en las insondables profundidades calizas del relieve se preguntan sobre el momento en que los flancos de las grandes grietas acabarán en algún momento deslizándose acaso unos pocos centímetros, precipitándose hacia la catástrofe, a lo largo de la alta bordería de su cuenca. Sin que el proceso travertínico interno sea suficiente para sellar la latente amenaza y de forma milagrosa deje tiempo para la sutura calcítica sin nuevos movimientos. Proceso sedimentario que, en ocasiones, acaba estabilizando el complejo subterráneo. 

Tectomecánica y graviestática tienden, en los bordes de los macizos calizos y más empinadas laderas, a romper los paquetes estratigráficos, formando bravos cantiles o abriendo muy largas y profundas brechas. En otros casos generando deslizamientos y subsidencias causadas por la desecación o pérdida de masa de agua en las margas del sustrato, tras el encaje freático del fondo de la cuenca. Por lo general descenso del nivel hídrico, cuando los mares regresivos ahondan los fondos de los valles y contrariamente alzando el horizonte marino en las fases transgresivas; produciendo la inundación  de las cavernas preexistentes, rompiendo las estructuras hasta entonces reconformadas o quedando por completo anegadas.

En las areniscas, calcarenitas y rocas molásicas el proceso de fracturación tiende a formar intrincadas galerías pronto remodeladas por el agua fluyente entre las grietas y las porosas discontinuidades de las lumaquelas; sobre el nivel marino. Formando espaciosas salas en la encrucijadas o cruceros de confluencia, al mediar más gruesos desprendimientos cenitales y parietales. Procesos en unos casos iniciados en el seno de los sedimentos litorales marismeños del paleorelieve, cuando el mar desciende por debajo de sus cotas anteriores, cuartea los depósitos solidificados, crea el entramado de roturas y presenta aspectos internos diferenciales en función de las características del paleosuelo y canales de la primitiva hidrografía. En otras variantes los fenómenos cavernarios tienden a desarrollarse en los propios acantilados de las líneas costeras, descalzados en la base cuando el mar se encaja hacia las profundidades y contrariamente colmatan de arenas playeras las embocaduras, las calcifican y crean las barreras retentivas de los depósitos lagunares.

La esencia trementina en la cuestión de la carsificación no se entiende en función de las bellezas espeleotemáticas o las singularidades de la sinuosa llamativa realidad alveolar, tampoco en las manidas "fases reconstructivas" de la cavernación. Ya que nada se reconstruye sino que la transformación de los espacios subterráneos es divergente, a lo sumo reabriendo procesos ocasionales en cierta forma todavía hasta entonces latentes.

De hecho incluso en las rocas basálticas el discreto componente porcentual carbonático resulta suficiente para disparar la carsificación, conforme se aprecia en los africanos extensos campos de dolinas sumideras. En los glaciares, siempre en movimiento, reequilibrando las cargas del hielo con infinidad de roturas previas a la formación de los conductos de drenaje; por donde fluye no solamente la capacidad hidromecánica del exterior sino todo el entramado fisural subepidérmico.

Las tremendas fracturas que el visitante medio se ocupa en transitar con perspectivas menos aventureras o lúdicas que analíticas encuentra serias dificultades para atisbar la complejidad sedimentaria en las grandes rajas brechíferas internas. Donde la datación cronológica relativa tropieza con unos principios de superposición sedimentaria cruzada sometida a la realidad de las múltiples sucesivas tolvas de vertido detrítico. En el bien entendido que su granulometría suele oscilar entre las pocas micras, las decenas de toneladas y los peñascosos volúmenes cuya denudación operativa hacia los fondos del sistema antoja cuanto menos un rompecabezas. Y nunca mejor dicho.

Tolvas internas encajadas a distintos niveles, formando grandes y a veces muy temibles pozos, por donde la precipitación clástica obliga a ponderar el tipo, modo, calibre y efectos disgregadores de los impactos causados por las tremendas caídas al vacío y sus estragos. Todo repercutiendo en la comprometida estabilidad del flanco externo inmediato al escarpe farallonero. Sedimentación gruesa, tendente por definición a caer hacia la vecina bajura de la cuenca y que el segundo principio de superposición de capas atribuye a la lógica de adaptarse los materiales depositados a la forma del ámbito receptor; hasta el punto de llegar a colmarlo y/o estalagmitizarlo cuando se trata de contenedor subterráneo. Sin garantía de poder cicatrizarse de manera natural la rotura, debido a ejercer las arcillas infiltradas hacia el fondo una especie de potente gato hidráulico que, por activa incidencia desecante o por pasiva impregnación pluvial, conlleve el fatal movimiento activador de la raja en cuestión.

Para todas estas enormes brechas la consecuencia será, más pronto o más tarde, el arrollador desplome de las secciones rocosas implicadas, la formación de tremendos canchales de ladera, nuevos escarpados frentes de bordería y la inexorable generación de otros complejos fisurales, conatos de nacientes realidades espeleogénicas. Mientras, no está de más que alguien inspeccione estos inquietantes antros, los estudie, cuantifique los datos obtenidos, adviertan de posibles anomalías en orden a quizá peligrosa inestabilidad del fenómeno y deje claro que nada es inmutable; por mucho que los inmediatos caseríos y estructuras del incesante quehacer antrópico en el sitio acrediten el hecho de haber perdurado así decenas de siglos sin graves incidencias. Aunque otros de estos pavorosos eventos tectónicos sí que acabaron históricamente resultando catastróficos.

Sobre las más potentes grietas de Mallorca cabe destacarse aquí unos pocos complejos, sin necesariamente citar los principales, significativos, largos, profundos, espaciosos, complicados, temibles, feos o bonitos. El que corona el Puig des Galatzó en Estellencs supera los seiscientos metros de longitud y casi el centenar de profundidad practicable. Los diversos tramos de Maristela (Esporles) no le van a la zaga, el Crull de ses Termes (Escorca) supera los 200 metros de profundidad practicable con más de treinta pozos y serie de descuelgues superiores a los cien. En el complejo occidental de la Comuna de Bunyola el entramado brechífero alcanza los doscientos cincuenta, con el correspondiente al situado en el contrapuesto sector oriental rondando los quinientos metros y casi los cien de profundidad máxima practicable, aparte de varias réplicas en paralelo a la principal y diversos pozos de acceso a lo largo de las fracturas. También en Deià (S'Esquetjar) las mayores discontinuidades brechíferas forman dos zonas, con la discontinua prolongación hacia el septentrión alargada 175 metros y Sa Timba más al sur superando en su conjunto los 300, hasta los 80 de profundidad visitable. Sin contar los abundantes tramos en paralelo que por toda la Isla dejan ver explorados desgajes cartografiados y mínimamente documentados, como los nutridos conjuntos de Artà, de Pollença, de Lloseta, Selva, Llucmajor, Manacor, Felanitx, Mancor de la Vall, Santanyí, Andratx, etc. 

No son pocas las actividades de alto riesgo en el medio silvestre o natural que obligan al actor, antes que nada, a centrar la máxima atención en la propia seguridad personal, su interacción con el resto del confiable equipo humano, la escrupulosa vigilancia del material, la técnica y el instrumental imprescindible en este tipo de disciplinadas incursiones subterráneas. Sin humor o serenidad suficiente como para hacer otra cosa que no sea salir para fuera cuanto antes del temido agobiante infierno; confiando en recordar, luego en casa,  alguna cosa que, a costa de las indeseables premuras, sirva de recurso articular que publicar. Salvo, naturalmente, actitud de gente de otro fuste.

Por lo demás, rellenar con párrafos de agradecimientos a los soportes institucionales y otros deudores es la más de las veces superflua coletilla instrumental. Nada que alegar al respecto, pero cuanto menos sería de agradecer - a quien corresponda- que se facilite algo el acceso investigativo a este y otros tipos de serias tareas exploratorias, en lugar de obligar a sortear determinadas impertinencias, como las de dificultar el libre tránsito de aproximación a los antros, o practicar de manera honesta la a veces inexistente colaboración interdisciplinar. En tal sentido al lugareño se debe a veces las mejores aportaciones, en forma de precisas indicaciones localizadoras y bien fiables informaciones.

                                                                                                                     Pollença, 25 Enero de 2021

                                                                                                                       J. A. Encinas S.

jaencinas.ccmallorca@gmail.com