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LAS LENGUAS DE LOS PRIMITIVOS BALEÁRICOS

El complejo cultural de las aborígenes manifestaciones humanas calcolíticas en todas y cada una de las islas del archipiélago balear acredita suficientes diferencias territoriales, monumentales, objetuales y de matices en los rituales funerarios como para corresponderse con un mundo homogéneo en lo general pero diverso en lo esencial. Evidentemente nos estamos centrando más en las fases iniciales de la aparición de la metalurgia del mineral cuprífero, su laboreo, posible comercialización interterritorial y utilidad en principio doméstica y decorativa o de prestigio que no en el algo más tardío recurso armamentístico.

Sobre dicho universo puede estimarse, sin riesgo a errar demasiado el tiro, el carácter aluvional humano de las intrusiones arriberas procedentes del continente; paulatinamente asentadas en las islas. Conocida insularidad balear, divisable desde las montañas del levante peninsular por su gente, en la brumosa lejanía del mar. Costas de las alzadas cumbres serranas mallorquinas, ibicencas y menorquinas bien accesibles cuando la navegación  de altura ya era realidad, avanzado el tercer milenio antes de nuestra Era y en el archipiélago pronto pudieron producirse los pioneros eventos exploradores, fueran casuales o se debieran a organizados fletes de expediciones migratorias.

En cualquiera de ambos supuestos los asentamientos son hoy detectados por la moderna arqueología sistematizadora, como fruto de cierto aislamiento relativo entre comunidades cercanas, comarcales y a lo sumo regionales. Siendo el patente elemento diferenciador la cerámica cocida en atmósfera reductora del oxígeno en la combustión. Vasijas hechas a mano con determinantes seleccionadas arcillas y desgrasantes de procedencia local, conforme acreditan los minerales extraídos de la geología de cada paraje.

Otros indicadores inciden en similares aspectos diferenciales; cuando aún no hay delimitaciones fronterizas materiales, sean murallas, estructuras defensivas en determinados enclaves o cualquier física evidencia de control para el dominio territorial. En culturas caracterizables propiamente como seminómadas, itinerantes, protopastoriles. Es decir, sin conocerse hasta entonces vocablos,  términos o expresiones idiomáticas inclusivas del apabullante argot agropecuario y que sería creado ya muy avanzada la Edad del Bronce e inicios de la metalurgia del Hierro en occidente. 

Del expuesto horizonte contextual se deduce la conveniencia de identificar no tanto la primitiva lengua vernácula de una o las demás islas de las Baleares, sino cuanto menos la lengua vehicular que permitiría la intercomunicación en el mosaico de comunidades esparcidas por el territorio. Factor determinante en el problema, solamente rastreable en la medida de disponerse de datos indiciarios de suficiente entidad clarificadora, a pesar de todo necesariamente interpretables. Para exhumar los vestigios localizables bajo los cimientos del edificio lingüístico prehistórico hay que profundizar hasta finales de la Edad del Bronce, donde las escrituras del Medio Oriente fenicio, egipcias, las griegas, acaso las tartésicas y las más antiguas lenguas africanas protosaharianas permiten un acercamiento comparativo. Donde se encuentra indudables logogramas con significados cronológicamente bien datables, no pocos de ellos aún vigentes en la actualidad. Hilo de cuyo ovillo ir jalando hacia atrás pertinentes informaciones. Sin perder la referencia del silabario Lineal 'B' en el micénico griego ni su ancestral relación con el fenicio, el egipcio y las escrituras libio-bereberes.

Desgraciadamente los hallazgos de inscripciones prehistóricas en las Baleares son desconocidos, si se excluyen los correspondientes materiales procedentes de los primeros contactos comerciales y / o coloniales griegos, fenicios y / o procedentes del bajo Egipto.  Al fin y al cabo lenguas en los inicios hermanas de una madre común. Con raíz paleosemítica y padre putativo centroasiático. Padre relativo, porque oriundo del mundo indoeuropeo lleva genes extraños o ajenos en cierto modo al sustrato humano africano, ulterior a la última glaciación. Con la incógnita añadida del tráfico de paso entre África y Gibraltar, en uno u otro sentido.

De hecho la influencia semita, en parte descendente de los dominios persas, incorpora en su momento contenido indoeuropeo, hacia las postremerías del siglo XIV antes de nuestra Era. Quizá una de las últimas oleadas de las hordas seminómadas, ocupadas en extenderse por nuevos horizontes. O no tan nuevos, dada la profundidad de los sustratos neolíticos y fondos paleolíticos continentales. Edades de la instrumental piedra tallada sin duda por definición preindoeuropeas. Siendo la incipiente agricultura eneolítica la probable impulsora de los blindados asentamientos poblacionales.

En efecto ajustadas prudentes consideraciones cronológicas del proceso, aquí utilizadas procurando soslayar las reivindicaciones nacionalistas que exageran la creciente supuesta mayor antigüedad prehistórica de esos territorios. Sin cuestionar nosotros la ardua tarea perseguida por quienes tratan de descifrar los problemáticos latinismos, iberismos y ahora discutidos celtismos por acreditados especialistas en etimología como Michelena (1961-2016), Villar (2014), Ferrer (2006-2013, J. De Hoz (2011), Lakarra (2010), Faria (2007), Velaza (2006), Ballester (2005), Orduña (2005), Rodriguez (2002-2004), Correa (1994), Unterman (1990), Tovar (1961), Baroja (1946) y Gómez (1922) entre otros cualificados investigadores. Los cuales se centran en las inscripciones antiguas disponibles y menos en la estructura de la mejor conservada toponimia multicultural comparada. Aunque un verdadero serio clamor de documentistas comienza a abrirse paso entre vías alternativas, afortunadamente complementarias a las en cierta forma planteadas y desde hace algún tiempo estancadas.

Por otro lado, para centrar el tema es preciso insistir en  el valor descriptivo meramente geográfico de los significados de 'íbero' (la vería del occidente mediterráneo, incluyendo ambas landas del río Rodhano francés, hasta el lago Leman Suizo y el africano norte bereber), 'celta' (la Galia, Galicia, galos, gálatas considerados procedentes de Anatolia; kéltés del griego, latín cel-la / celda < celta-s, cámaras, graneros, estancias, campamentos pastoriles, sel-es < 'salas' del castellano; raiz indoeuropea  Kel-) y de 'fenicio' (latín phoenicios o púnicus, inicialmente los pobladores del delta del río Nilo y por consiguiente correspondiente al propio nombre de los egipcios y el Mar Egeo),  mitológico phoénico Ave Fénix de Egipto, un egeon-ico correspondiente al latín  aegaeum. El mar egipciano en la desembocadura de su río.

Sin embargo la temprana aparición de naves griegas y púnicas en las costas baleáricas son de fechas demasiado tardías para ser consideradas parte del expediente lingüístico prehistórico de la región. A lo sumo produciría, en el subsiguiente periodo protohistórico, indudable influencia sobre el enigmático sustrato idiomático preexistente. Pasando algo similar en época romana con el latín y también con la introducción de un notable contingente de colonos íberos en el archipiélago. Datos obligando a buscar, en estratos más profundos, menos abundantes reliquias y afrontar las problemáticas trazas de una lengua vehicular anterior al uso de las primeras escrituras del Mediterráneo occidental. Especie de lengua franca con escasas posibilidades de haber transmitido léxico marinero, ninguna de utilidades agropecuarias y sí algunas de tipo seminómada recolectivo y trashumante pastoril; inclusive los indicativos geográficos referenciales de cada posibilidad.

Panorama selvático, de disponibilidades susceptibles de sortearse con los adecuados repertorios toponímicos de cada comarca en consideración y no poco coraje. Con los morfemas contenidos en determinados vocablos presentando dificultades insalvables si se circunscriben a las posibilidades del dominante idioma contemporáneo de cada lugar o nacionalidad. De lo contrario ni del íbero podrá reconocerse su traductiva real ascendencia patrimonial ni del catalán actual su primer sentido orientalizante de ser. Del euskera esperando que el patrón común con el íbero septentrional supere cualquier atisbo de gratuitas prevalescencias, tomando en consideración la preponderante realidad del injerto latino. Sin quedar del todo en cuarentena un céltico nutrido de antiguas lenguas indoeuropeas, afectadas de abundantes latinismos posteriores. En el bien entendido que muchos de los tenidos por arabismos hispanos no son tales sino una más de las capas cubrientes de los anteriores sustratos. El más próximo, el componente indoeuropeo del Bronce inicial -tan rico en radicales bien documentados-, por encima del nivel inferior preindoeuropeo.

A la espera de encontrarse otro magno instrumento comparativo como el latín y que sirva de lengua puente hacia mejor acercamiento a los lenguajes indoeuropeos y al habla del gentío precedente, es deseable acercarse mejor a los relictos idiomas de las minorías étnicas norteafricanas. Acaso espulgando providenciales incunables escritos monacales. En todo caso sin claudicar ante el desasosiego de confiar demasiado en el hallazgo casual de otra piedra de Rosetta que ayude en este tipo de estudios sobre el pasado remoto.

jaencinas.ccmallorca@gmail.com