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 MEDIO SIGLO DE CONTINGENCIAS NATURALES EN CAVERNAS DE MALLORCA,

ha sido suficiente para constatar las a veces espectaculares transformaciones producidas a lo largo de poco más de los contemporáneos cincuenta años de nuestra generación, no solamente en la orografía, la hidrología cársica  y el paisaje sino también en parte o la totalidad de la realidad física del medio ambiente insular, su flora, fauna y carácter cultural de la gente.

Fueron tiempos de acelerados cambios y continuas acomodaciones a las exigencias de la época, casi sin tiempo, ganas o capacidad para fijar la atención en los acontecimientos que, lentamente, de forma esporádica o bien como imparable proceso sistémico se han venido produciendo. También, como es lógico, en la un tanto extraña egocéntrica actividad espeleológica.

Los neófitos o menos duchos espeleólogos ocupados en atreverse con los más potentes inéditos subterráneos naturales suelen preocuparse sobre todo  en entrar y salir cuanto antes, sanos o sin sufrir ningún grave percance; tras la oportuna foto de rigor o feliz sustitución de la deleznable pintada o grafiteado murario que antaño estuvo desgraciadamente tan en boga. No queda entre ellos  lugar para la observación del curioso cosechador de explicaciones carsológicas o de cualesquiera otras pertinentes cuestiones.  Luego pontificarán  los contertulianos lo que puedan, sobre aspectos marginales del instrumental incursivo recién estrenado, sobre la "malvada" competencia entre clubes ya ciertamente obsoletos o lo que en su lugar se estime oportuno. Al fin y al cabo todo ello se entiende mera diversión de fin de semana. Salvo para sesudos actores inmersos en trasnochados intereses propios del siglo pasado, tan ocupados en gregarios quehaceres documentistas. 

No importa insistir, las facetas deportivas, lúdicas y culturales de la actividad no da para mucho más.  Aunque de forma colateral genere indirectos dividendos económicos, incuestionable atracción turística y determinados problemas. La cuestión es que, entre unas y otras visitas exploratorias a los antros de la Isla, el curioso caminante observa cosas, acontecimientos, incidencias del discurrir los días entre los peñascales, el matorral, los precipicios, campos, prados, costas, bosques, suburbios, caseríos y neopalacios de los poderosos veraneantes.

Mientras, las charcas donde beber agua la fauna silvestre son cada ves menos, las abandonadas fuentes se van irremediablemente secando, los prados pierden poco a poco el pastizal -sometido a la incontrolable maleza-, los cultivos se abandonan a un pastoreo residual que favorece el convertirlos en improductivos cardizales y, poco más adelante, en verdadero erial favorecedor de los procesos erosivos que ahora apenas se están iniciando en las cresterías serranas de las cuencas. Luego seguirán intensificándose los aparatosos desprendimientos rocosos, en virtud de la agresiva cobertura leñosa cuyas raíces pelean por cegar las hondas grietas en busca de la húmeda escasa tierra del lapiaz. Donde ya resulta difícil que sigan prosperando las herbáceas, alimento básico de la cadena alimenticia.

En menos de una centuria la cuatro veces milenaria economía agropecuaria sufre brutal decadencia, para primar el estado selvático del territorio, rendir culto al dorado sol que ahora más calienta y desentenderse  del acelerado ritmo aculturizador de los indígenas y de algunos de nosotros sus acólitos. Sin otra perspectiva que la del salto al vacío susceptible de aterrizar en un nuevo paradigma que algún día aparezca en el horizonte. "Cuán largo me lo fiáis, amigo Sancho".

En las cuevas y simas baleáricas las incidencias del proceso se manifiesta de distintas maneras, desde el paulatino aumento del CO2 en las atmósferas subterráneas a las intrusiones de violentas riadas discurrentes por despejados sumideros y no tanto por el entramado fisural, cada vez menos expedito, al  resultar cubierto por la terra-fosca. Ésta menos permeable que la derivada de la carsificación o terra-rossa, con el efecto de provocar mayor circulación de las aguas pluviales por la superficie del terreno, mermar la recarga de los profundos acuíferos (grandes brechas y deprimidos cantizales) y acelerar la socavación erosiva en la base de los cantiles margo-calizos.  Por otro lado la excesiva desecación de las masas de arcillas acaba por perder, en las grutas y grandes acumulaciones de sedimentos, la carga hídrica inherente a su volumen, generando fenómenos subsidenciarios incidentes en los sucesivos colapsos de los estratos directamente situados por encima. En las cavernas formando los característicos domos de encajada periferia, donde se detectan no pocas recientes fases desprensivas en forma de potente clasticidad endógena.

La abertura de nuevas fracturas y desfonde de determinadas simas advierten derivación del régimen torrencial. Con el caso de la Cova Nova d'Ariant resultando sensiblemente distinto y donde el simple pausado crecimiento del tronco de pequeño olivo silvestre, situado sobre la primitiva boca de la cueva acabó, en apenas un par de décadas, moviendo la cresta de la enorme losa apoyada encima, sobre las raíces del bien regado arbusto, creciendo su diámetro hasta el punto de mover y pivotar la tremenda peña, cayendo al suelo y, ya rota en grandes trozos, afectando al espacioso y profundo interior del subterráneo.

Particularidad también diferente es la del ilustrativo puenteo de la Cova del Zum-Zum (Pol. Z.02), el cual se mantuvo de antiguo con exclusivo acceso por tierra; hoy luciendo  franca embocadura marina, convirtiendo lo que fue laguna interna en reducto del escarpe costero. Con ejemplares de la ribera de Artà también afectados de las violentas acometidas de los temporales, desplazando muy pesadas porciones de ahora destrozada caverna casi quinientos metros bajo el agua del mar, en paralelo a la propia costa.

Menos espectaculares pero particularmente incisivas y muy numerosas son las múltiples tolvas del interior de las potentes fracturas traccionales o tectomecánicas, generadas al precipitarse dentro la clasticidad rodada de las empinadas laderas, colmando toda o buena parte de la discontinuidad, soldando con coladas travertínicas los detritos y enmascarando las irregularidades con vistosas formaciones carbonáticas.

"Corpus cavernario mayoricense"

jaencinas.ccmallorca@gmail.com